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Pero aquí está la cuestión: también es un momento de fragilidad. Para las personas propensas a la ansiedad o el estrés, esta relajación extrema del cuerpo puede, paradójicamente, abrir la puerta… a un despertar repentino. Los pensamientos se arremolinan, las preocupaciones resurgen y la mente, repentinamente alerta, nos despierta sin previo aviso.
Estrés, cafeína y pantallas: los enemigos de un sueño tranquilo

Despertarse a las 3 de la mañana no es necesariamente señal de que algo anda “muy mal”. A menudo, se debe a eventos cotidianos muy concretos: un café un poco tarde, ver una serie tarde o incluso una cena demasiado copiosa o picante.
Otro punto a tener en cuenta: los horarios de sueño irregulares. Acostarse a horas diferentes cada noche impide que el cuerpo encuentre su ritmo natural, lo que favorece los despertares nocturnos.
¿Cómo evitar estos despertares prematuros?
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