Diferencia entre VIH y SIDA: por qué no significan lo mismo

Por otro lado, el SIDA —Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida— es la etapa más avanzada y grave de la infección por VIH. Se habla de SIDA cuando el sistema inmunológico ha sufrido un deterioro tan profundo que ya no puede responder adecuadamente. Esto ocurre cuando la cantidad de células CD4 desciende por debajo de un límite específico o cuando la persona comienza a presentar ciertas infecciones oportunistas o enfermedades asociadas a un sistema de defensas debilitado. Es decir: una persona puede tener VIH sin tener SIDA, pero no puede tener SIDA sin haber adquirido previamente VIH.

La diferencia principal entre ambos términos es, entonces, una cuestión de estado y avance. Mientras el VIH es el virus que infecta al cuerpo, el SIDA es una condición clínica que aparece cuando esa infección no ha sido controlada adecuadamente. Con los tratamientos actuales, este avance puede evitarse por completo, lo que convierte al diagnóstico temprano y a la adherencia a la medicación en herramientas claves.

El tratamiento más efectivo disponible es la terapia antirretroviral, conocida como TARV, que consiste en una combinación de medicamentos que impiden que el virus se reproduzca. Cuando la persona sigue este tratamiento de forma constante, la carga viral puede bajar tanto que llega a niveles indetectables. Este concepto es fundamental: una persona con VIH en estado indetectable no solo mantiene su  salud protegida, sino que, además, no transmite el virus durante relaciones sexuales. Este avance ha transformado la forma de vivir con VIH y ha derribado muchas creencias equivocadas.

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