Este nuevo gel regenerador cuestiona esa noción. No es un simple relleno pasivo; es un participante activo en el proceso de curación. Una vez aplicado en la zona dañada, el gel actúa como un andamio: una matriz tridimensional de soporte que fomenta que las células cartilaginosas existentes migren al área y comiencen a multiplicarse. El gel proporciona el entorno ideal para que estas células crezcan, esencialmente «enseñándole al cuerpo a reconstruirse», como explican los investigadores.
El gel en sí es una mezcla compleja de materiales biocompatibles que imitan la estructura natural del cartílago. Esto permite que el cuerpo lo reconozca como un soporte amigable y no como un objeto extraño. Con el tiempo, el gel se biodegrada progresivamente, dejando únicamente el nuevo tejido cartilaginoso sano que ha crecido en su lugar. Esto contrasta notablemente con una artroplastia de rodilla o cadera, que implica una cirugía mayor para implantar un dispositivo permanente de metal o cerámica.
En los primeros ensayos clínicos, los resultados han sido muy alentadores. Los pacientes tratados con el gel reportaron reducción del dolor, mejora en la movilidad y tiempos de recuperación significativamente más cortos en comparación con los tratamientos convencionales. Para muchos, esto significó volver a las actividades cotidianas y al deporte sin una larga rehabilitación ni los riesgos asociados a una cirugía invasiva.