4. Antibióticos aminoglucósidos (como la gentamicina)
Son potentes, pero también muy tóxicos para los riñones, especialmente si se administran por períodos largos o en personas deshidratadas.
5. Inhibidores de la bomba de protones (omeprazol, esomeprazol)
Estos medicamentos para la acidez estomacal pueden parecer seguros, pero su uso crónico ha sido relacionado con daño renal intersticial y pérdida progresiva de la función renal.
6. Diuréticos (furosemida, hidroclorotiazida)
Aunque ayudan a reducir la presión arterial y la retención de líquidos, el abuso de diuréticos puede deshidratar el cuerpo y forzar los riñones, afectando su funcionamiento.
7. Litio (usado en trastorno bipolar)
Este medicamento necesita un control estricto, ya que puede provocar nefropatía crónica si no se monitoriza correctamente.
8. Suplementos de calcio o vitamina D en exceso
Aunque no son “pastillas peligrosas”, el exceso puede generar depósitos de calcio en los riñones (nefrocalcinosis) y formar piedras.