3. Vitamina C: el escudo natural del cuerpo
La vitamina C es una vieja conocida, pero ella asegura que no falta nunca en su dieta. A diario toma su dosis en forma de suplemento, aunque también procura consumir frutas ricas en esta vitamina, como naranjas, guayabas, fresas y kiwi.
Según explica, más allá de reforzar el sistema inmunológico, la vitamina C la ayuda a mantener la piel más firme y luminosa. A los 87 años, no tiene la piel de una veinteañera, pero sí un cutis saludable y bien cuidado. “No se trata de borrar las arrugas, sino de sentirte bien en tu propia piel”, dice entre risas.
También comenta que desde que la toma de manera regular, las gripes y resfriados prácticamente desaparecieron. Y eso no es poca cosa, porque a su edad el sistema inmunitario suele volverse más débil. Su secreto es sencillo: constancia. Todos los días, sin excusas, toma su vitamina C como parte de su desayuno.
4. Vitamina E: el toque de juventud que protege desde adentro
La cuarta vitamina que no falta en su vida es la E, conocida por su poder antioxidante. Esta vitamina ayuda a combatir los radicales libres que aceleran el envejecimiento celular y protegen tanto la piel como los órganos internos.