Te subes al coche, ajustas el asiento, te abrochas el cinturón… ¿y el reposacabezas? Está ahí, firmemente fijado, pero casi nunca pensamos en él. Sin embargo, las dos finas varillas metálicas que lo sujetan no son un simple soporte. Desempeñan un papel fundamental en tu seguridad. Y muchos conductores desconocen esta función esencial.
Estas varillas de metal que vigilan tu cuello

A primera vista, estas varillas sirven para ajustar la altura del reposacabezas. Pero su función va mucho más allá.
Sujetan firmemente el cojín al armazón del asiento. En caso de colisión trasera, evitan que el reposacabezas se incline o se hunda. Como resultado, la cabeza queda mejor sujeta y se limitan los movimientos bruscos.
Este apoyo ayuda a reducir el riesgo de sufrir un traumatismo cervical, a menudo llamado “latigazo cervical”.
Según la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras, un reposacabezas colocado correctamente reduce significativamente el riesgo de lesiones en el cuello en una colisión trasera a velocidad moderada.
Un pequeño ajuste puede entonces tener un gran impacto.